Gente con cianuro

domingo, 9 de febrero de 2014

Invierno otoñal. Relato erótico #2




A él le gusta volar sin alas. También le encanta caer al fuego y sentir como el hielo roza su piel. Miles de explosiones rebotando contra su coraza a prueba de bombas. Las palabras que suelta por la boca caen de pie y sus deseos escalan montañas, cada vez más altas. Sus deseos no tienen ni techo ni cielo. A él le pertenece el ardiente infierno, donde arden sus deseos y sus anhelos. 

Y cada silencio prohibido que tiene le lleva hasta sus pensamientos encerrados por mil llaves y enterrados bajo la tierra. Son viajes por el interior de su vacío, para sentir algo.

La noche se va difuminando, todavía son las 5:45 de la mañana pero él no lo sabe. Se gira y intenta palpar el móvil bajo la almohada. Está inmovilizado bajo las sábanas. "Ya es invierno" piensa.

El otoño pasó muy rápido y solamente necesitó quemar el calendario para que esos días se fueran de su cabeza. Fueron días difíciles para él. Las únicas sonrisas verdaderas que le regaló el otoño fueron dos. La mariposa volando y aquella chica que se encontraba todos los días por los pasillos del instituto. La melena rubia y sus ojos claros le cautivaron pero su sonrisa le llevó a otra parte y, la mayoría de las horas de sus angustiosos días las pasaba recordando a aquella aparición del norte o este de algún lugar de Europa. No sabía su nombre pero lo que si sabía era lo que quería hacer con ella... quería sentir y gozar con ella y con su cuerpo. Solo era eso, pero le bastaba para excitarse a él mismo.

Ella le estimulaba de alguna forma distinta. No lo sabía. En unas cuantas ocasiones le había pillado mirándola y sus miradas se encontraron por segundos, tal vez mucho menos, pero eso sirvió para provocar una reacción química en su cuerpo. Sintió como su vacío de plástico se estiraba por todos los lados y creaba agujeros por donde comenzó a pasar aire. De hecho, lo único que tenia, era el aire que respiraba. Hasta el aire que respiraba se iba. 

Las vacaciones de Navidad llegaron. Durante casi una semana no veía a la chica rubia de ojos claros. Una cuestión de tiempo, o eso deseaba pensar. Pronto la volvería a ver, intentaba creerse esa mentira. Mientras pensaba todo esto se levantó de la cama y abrió la ventana. Dejó que el frío entrase por la ventana, le encantaba eso y lo sabía. Todo volvió a ser una aparente calma.

"Hoy es el día" pensó para si mismo. Después pensó para si mismo que pensaba mucho. "Debería pensar menos y actuar más, dejarme llevar" Volvió a pensar él. Al rato de tanto pensar solo obtuvo una idea lógica. Esa era que pensaba demasiada, por no decir que pensaba absolutamente todo.

Quería dejarse llevar y volver a ver a la chica rubia de ojos claros. Así que solo podía hacer una cosa útil. Averiguar donde vivía ella. Para ello valió recordar lo que vio el día que siguió...




"Se subió en el autobús de la Línea 3. Después se bajó en la parada que está frente al Hotel Cabana y ahí siguió todo recto su camino. Se paró unos instantes frente a un escaparate... de la pastelería. Metió la mano en el bolsillo. Intentó rebuscar algo, creo. Hizo una mueca, de decepción. Dos calles más adelante torció a la izquierda. Se paró en el primer portal y llamó al telefonillo. Espero un poco. Volvió a llamar. Se pasó la mano por la cabeza y se dejó caer al suelo. Luego llegó un hombre de unos 30 años y le abrió la puerta, parecía un vecino. Después de eso nada más." 

Recordar todo aquello fue como vivir en una película. En ese instante la adrenalina recorría su cuerpo a velocidades escalofriantes... Ella era una ilusión, pera sabía que existía y que era real. Lo único que quería era verla. 

Se armó de valor y salió a la calle, caminó hasta que llegó a la parada y esperó. Esperó tanto como siempre. Por fin llegó y se montó. Se sentó delante de una mujer. Ella le miró con una mirada que no supo descifrar pero al momento supo porque le miraba así. Había tenido una erección. No supo como reaccionar y se enrojeció. La mujer sin embargo no sintió tanto pudor y al contrario de lo que algunas personas pudieran pensar ella se lo tomó como un cumplido. Aun era joven, debió de pensar. 

Al fin llegó al Hotel Cabana y aquella mujer también bajó. Ella entró al hotel y él siguió su camino. Ahora le tocaba seguir los mismos pasos que recorrió aquel día. Llegó hasta el mismo portal y sus piernas comenzaron a temblar. 

¿Cómo la podría ver, sin ser descubierto? ¿Que haría si le veía? No sabía que hacer. Estaba lleno de dudas. En el fondo no quería someterse a esa situación de tensión, era una cobarde.

Llamó a todos los timbres hasta que le abrieron. En el portal se dirigió a los buzones y allí comenzó a ver los apellidos que había. Encontró 3 apellidos que podrían entrar dentro de las características.

Fue al 4º C y llamó al timbre. Nadie le abrió. Pegó la oreja por si acaso pero no funcionó porque era verdad que nadie se encontraba allí dentro. Cabía la posibilidad de que ella no estuviera ahora en casa. No perdió la esperanza aun y siguió en la búsqueda. Tenía 2 posibilidades más. Llamó al ascensor y pulsó el 14. 

En aquella planta le abrió la puerta una mujer que no sabía hablar el castellano y que tampoco le entendí a él. La búsqueda comenzaba a desesperarle. Jamás la encontraría y tendría que esperar una eternidad para volverla a ver. La última puerta le esperaba. Esta vez subió las escaleras y llamó a la puerta. Era la última oportunidad con la que contaba. Era eso o nada. La nada más absoluta, la nada infinita. La nada que habitaba su vacío perenne. 

Llamó y escuchó como unos pasos se acercaban. Escuchaba el crepitar de la madera e intuyó que el suelo era de parqué. Se quedó más helado de lo habitual. No sabia que hacer. La huida era un camino. La miraría cara a cara y le hablaría de una vez por todas. 

La puerta se abrió y ella no estaba. Solo era una niña pequeña.

-Hola. ¿Y tú quien eres? preguntó la niña rubia e infantil con un áspero acento extranjero. 
-Emm... Yo solamente estaba buscando y entonces... -dijo él. Sus palabras no salían.
-Ah ya sé. Mi hermana no está pero va a venir más tarde. -soltó la niña. Y en el mismo instante que lo decía estallaba de ilusión. 
-¿Le dirás cuando vuelva lo que yo te he dicho?
-Cloro que si -dijo ella. Parecía que aun no se aclaraba muy bien con el idioma.
-Bueno, pues dile que el chico de los ojos oscuros ha venido a verla. Dile que tengo mucha ganas de verla. -y de tocarla, y de besarla, y de tenerla entre sus brazos, y de sentir sus uñas contra su espalda.... Aunque eso se le pasó por la cabeza claramente no se lo dijo. Solo era una niña.
-Yo ya se lo digo cuando ella esté vuelta. -dijo la voz angelical con tono brusco. 
-Adiós. -y él valiente chico de ojos oscuros salió corriendo con el rabo entre las patas. 

Salió de aquel edificio y pasó corriendo por delante del hotel. El hotel de aquella mujer extraña y extraordinaria. Por un mísero instante se le pasó intentar buscarla y encontrarla para tener algo más que un cruce de miradas ruborizadas y quizas excitadas... Nunca lo llegaría a saber. 

Volvió a correr tan rápido como pudo. Esta vez volvió a pie. Necesitaba correr y escapar de la terrible calidez del roce de las ilusiones. Las ilusiones con forma de chica rubia y ojos claros.

Aquel día al volver a casa se metió debajo de la ducha y no salio de allí en un buen rato. Observó como las gotas caían y nada ni nadie hacían algo para que no tocaran el suelo. Las gotas de agua eran como sus deseos. Estaban siempre muy arriba pero pronto tocaban el suelo y se tenían que ocultar entre la realidad. En la ducha comenzó otra vez a pensar en ella y entró en una espiral de deseo. La espiral de deseo solo acabó cuando expulsó el líquido por donde circulaba su placer. 

Por la noche se desnudó, se miró en el espejo y comenzó a sentir. Esta vez con su propia imagen. Como antes de que apareciera ninguna chica con los ojos más bellos y hermosos que jamás había visto y podido admirar.

Esta vez a él le bastaba consigo mismo. Solo necesitaba verse en el espejo y desearse. Saber que le causaba dolor todo aquello pero que sin los demás dolía más. 
Saber que él era un reflejo de algo que no se refleja en ningún lugar, excepto de uno. Su lugar.

Ese lugar dentro de su universo de sonrisas de plástico era su espejo. El lugar donde podía ser lo que quería ser y donde interpretar mil guiones a la vez no era ningún problema o un inconveniente. Solo era una ventaja para ser él.

Él era el chico moreno de ojos oscuros.
Ella era la chica rubia de ojos claros.
Y que ella era la chica ni siquiera lo sabía él. 
La chica no intuía lo que se le venia encima.

Era la ola de las ilusiones y de los deseos lo que iría a por ella. O eso pensaba él durante todo el tiempo que pasaba frente a su espejo.

¿Quieres leer el anterior relato erótico? -> Mariposas de otoño. Relato erótico. #1
¿Quieres leer el Relato erótico 3? -> Roja como la sangre.




16 comentarios:

  1. Me a encantado! sin duda a veces deberíamos pensar menos y actuar más dejarnos llevar y que nos quiten lo bailado ;)

    un saludo

    Mery

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  2. Qué bien escribes! Jaja y ya tienes tu blog anunciado en el mío ;)
    Saludos y pásate cuando quieras :3

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  3. Me encanto como escribes y bueno me paso por aqui gracias a utopia que te ha promocionado me gustaron varias entradas tuyas :D
    te has ganado un nuevo seguidor! :D
    si gustas pasate algún día por mi blog
    yake-kinky-kidboy.blogspot.com

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    Respuestas
    1. Gracias por seguirme, espero que me sigas leyendo :)
      Me paso

      Besos con cianuro.

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  4. Me ha encantado el relato aunque me esperaba algo más, para qué mentir. Quizás que no abriera esa niñita que aún no se aclaraba con el idioma, quién sabe.
    Aún así me ha gustado y es cierto que deberíamos dejar de pensar tanto, dejar de que las ilusiones se estrellen contra el suelo real.

    Un abrazo de la Chica Miserable.

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    1. Gracias por tu sincera opinión. Aunque esta bien que de vez en cuando nos abran la puerta... jajaja
      Me alegro de que te haya gustado, muchas gracias por comentar.

      Besos con cianuro.

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  5. Con pocas palabras dices un montón de cosas ^^
    Me encanta, enserio!!!

    Un beso!!!

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    1. me alegro de que te haya gustado,
      besos con cianuro :)

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  6. No questionaré su escritura, qué cómo lo hace o lo que imprime en el lector ya lo debe saber bien. Así que, ¿para cuándo el 3er Relato erótico?

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    1. Hola! Hoy mismo lo tienes anónimo :)

      Gracias por comentar, abrazos.

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  7. Felicidades! Escribes genial, estoy seguro, que con el tiempo, veremos historias tuyas publicadas, sigue así!

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    1. Hola! Muchísimas gracias :)
      Abrazos y bienvenido anónimo.

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    2. Muchísimas gracias, me alegro de que te haya gustado :)
      Abrazos con cianuro

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