Gente con cianuro

jueves, 25 de abril de 2013

La cita con cianuro. Día del libro.

Feliz Día del Libro a todos y como todas las semanas os dejo una cita con cianuro.

"Lee y conducirás, no leas y serás conducido"
Santa Teresa de Jesús.

Esta frase me recuerda a una profesora que tenia y a la que va dedicado el post, esté donde esté.
Si lees tienes información y la información es valiosa, con ella es posible manejar mentes cerradas y hacer opinar a mentes abiertas por eso es importante escoger las fuentes de las que nos informamos. Si lees eres tú quien maneja la situación, nadie te maneja a ti. No eres una marioneta en manos de extraños con ganas de diseñar personas idénticas y mentes clonadas porque somos seres con la capacidad de utilizar la lógica y la razón aunque ellos, los manipuladores, no quieren que la utilicemos.

Leer despierta los sentidos y los activa creando personas libres sin ningún tipo de ataduras ni anclas.
Leer nos hace ser mejores personas y activa nuestra imaginación.




miércoles, 24 de abril de 2013

Julia. Capítulo 2.




-Soy el que ha encontrado su papel. Tome. -se lo dí y lo estaba leyendo detenidamente, hizo una pequeña mueca y abrió la puerta de par en par.
-Pasa. -pronunció una mujer.
-Verá, no sé si... Ademas creo que no... -dije a la vez que daba un paso hacía atrás alejándome de esa mujer.
-No te avergüences, me llamo Julia y sería un placer que entraras a mi humilde morada. -Julia dijo eso cuando una horquilla del pelo se deslizaba por su cabello negro oscuro y dejaba su coleta un poco descolocada. Su frente era de tez morena y sus ojos comunes pero de una alegría viva.
-Bueno pues acepto. -nadie me esperaba, nadie vendría a comer conmigo ¿que mejor plan que comer con una mujer desconocida de unos 50 o 60 años?

Entré a la vivienda y un olor como de a flores me penetró por la nariz creando una sensación muy confortable. El pasillo era pequeñito y daba paso a un salón donde una mesa con un plato humeante esperaba paciente a Julia.

-Sientate... ¿Como te llamas?
-Me llamo Samuel, soy Samuel.
-¿Estudias? ¿Que haces? -preguntó
-Pues estudio un ciclo formativo de Farmacia y Parafarmacia.
-¿Eso es para trabajar en una farmacia? -preguntó cuando hacía un gesto como de querer que comiera ese plato de sopa.
-Si, más o menos. -sonriendo afirmando.
-¿Comemos?
-Vale y cuéntame algo sobre usted.
-No me llames de usted, me haces mayor y me siento joven.
-Hoy he ido a mi primer día de prácticas, es justo en una farmacia de aquí cerca, seguro que tú has ido alguna vez por ahí.

Comimos el plato pronto, y sonó un ding, dong que hacía pensar que alguien venía.
-Seguro que es Alba. No te he contado que todas las semanas organizo aquí en mi casa una reunión en la que nos juntamos unas almas perdidas. -parecía que lo decía con respeto y algo de inseguridad. -además me hacen compañía porque soy viuda y por desgracia vivo sola... -unas lágrimas empañaron su sonrisa viva.
Fue a abrir la puerta y apareció una chica, era Alba y descubriria que tenia unos cuantos problemas por resolver.

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Capítulo 4


sábado, 20 de abril de 2013

Barco, pájaro, pez, avión y flor. Capítulo 5.




Un nuevo anónimo. Un nuevo misterio oculto. ¿Qué pretendían decirnos con todo esto? Estábamos de pie enfrente de la puerta de la casa que teníamos gracias a nuestra beca, la beca que nos había abierto la posibilidad de abrir los ojos, aunque aún no los abríamos completamente. Algo o alguien no nos dejaba.
Ella sostenía entre sus delicadas manos el papel amarillento que tenia escritos los hermosos versos de Pablo Neruda. No teníamos ni la más mínima idea de que trataba todo aquello, ¿era el destino?
Examinamos detenidamente el papel y observamos como el papel era antiguo, tendría 30 o 40 años pero la caligrafía era joven y actual. Era raro.
En ese momento Hugo me mandó un Whatsapp reclamándome, ya eran las 12:17. Llegaba tarde a nuestro habitual partido de tenis.
-Carlota... Me tengo que ir. Ya sabes que siempre voy a jugar a tenis con Hugo pero... si quieres aviso a Hugo y le digo que hoy no quedamos y punto. -le dije eso suponiendo que ella tendría miedo de quedarse en casa sola. El miedo le había entrado por todos los poros de su cuerpo, sus pelos de gallina lo dejaban bastante claro. Aunque yo también los tenia erizados. Teníamos miedo.
-No pasa nada pero... creo que seria mejor si me quedo yo aquí... -me respondió dubitativa y con algo de tartamudez.
-¿Te quieres venir conmigo y nos ves jugar? -barajé esta  opción entre todas y resultó la más acertada.
-Vale, iré con vosotros. -una sonrisilla ponía en evidencia su tímida alegría.

Al salir de nuestro pequeño apartamento cerré con llave, bajamos las escaleras y ya estábamos en el portal. Giramos a la derecha y nos dirigimos hacía la Avenida de la Educación. Tenía ese nombre porque ahí estaban todos los centros educativos de la región, cualquier centro de esa zona era prestigioso y los Centros de Investigación y Desarrollo tenían a investigadores muy cualificados en su interior. Uno de los campus universitarios, el Ágora, estaba en la parte final de la avenida y las pistas de tenis estaban al lado. Las obras del futuro tranvía urbano nos acompañaron todo el camino e iban a unir el centro con toda esta parte de la ciudad, ojala terminaran pronto porque detestaba esos ruidos constantes.



Poco después de las doce y media , Carlota y yo, pasábamos por delante de las pistas de tenis. Estaban en la parte delantera del campus, donde se encontraba una gran zona deportiva abierta atestada de estudiantes practicando algún deporte aquel día de principios de primavera. Las pistas propiamente dichas se encontraban flanqueadas de arboles que en ese momento vivían su mejor momento. Ví a Hugo y le saludé efusivamente.

-¡Hola Hugo! -dijimos a la vez
-Hola Carlota -respondió él.
-¿Y a mi no me dices nada?
-A ti te veo todos los domingos y a ella en cambio no.
-Serás envidioso -dijo ella, a la vez que me daba un codazo.
-¿Empezamos a jugar ya? Seguro que hoy por fin te gano -dijo
-Claro que si pero creo que no ganarás -me reí.


Fuimos al puesto donde se alquilaban las pistas, presentamos el carnet joven para obtener el descuento., pagamos y nos dieron las llaves.
Entramos en la pista 9. Esa no era mi favorita porque le entraba el sol de cara pero ya era más tarde de lo normal y no podíamos decidir.
Mi primer saque fue algo flojo pero valió para ganar el primer punto. El resto del partido fue de total superioridad mía y estaba amenizado por canticos de Carlota en apoyo a Hugo.
-¡Hugo, Hugo, como él no hay ninguno! -cosas de ese tipo aunque esperaria a que no fuera verdad lo que decían sus palabras...

Al acabar el partido, entregamos las llaves de la pista. Estábamos cansados y sudorosos. Ella en cambio fresca como una rosa. Decidimos volver a casa de nuevo, sobre todo yo que quería relajarme y tomarme una ducha con agua fresca, bien fresca...
La avenida estaba repleta de estudiantes que en su mayoría acaban de levantarse después de una noche loca. Me fijé en dos chicas que hablaban de como su amiga se había liado con el ex de otra, a la que criticaban por dejar al chico que según ellas parecía buena persona y guapo. También comentaban en que ese primer tonteo no iba a llegar a nada más serio y que seguramente el chico la ilusionaría y la dejaría tirada por otra más atractiva a lo que la segunda chica respondía con un contundente "por supuesto".
Hugo tenia su piso en un edifico más cercano al Agora, la compartía con otro de nuestra misma clase que no nos caía muy bien, Toni se llamaba. Nos despedimos de él en el portal y nosotros seguimos avenida arriba.
De camino no nos fijamos en un pequeño detalle, bueno, mejor dicho, era un grandisimo detalle. Un monovolumen negro y reluciente con los cristales tintados, nos estaba siguiendo todo el trayecto y un hombre, invisible para toda la humanidad, sentado en el asiento del conductor nos observaba mientras hacía fotos con su cámara digital en los semáforos donde paraba a la vez que marcaba un número en su móvil.



Subimos la escalera y al llegar al pequeño rellano vimos como la puerta de nuestro piso estaba abierta.
-¿Te has dejado la puerta abierta? -me preguntó al borde de un ataque nervioso.
-No, yo la cerré con llave... No es posible. Te lo juro -no me podía creer que todo eso estuviera pasando.
Entramos en el interior de nuestra vivienda con muchisimo terror, no sabíamos lo que nos podíamos encontrar ahí dentro.
El salón estaba bien y tras un momento de recuento de nuestras pertenencias no faltaba nada. O eso era lo que vimos.
-¡Martín! ¡Ven aquí! -chilló desde el salón pronunciando mi nombre algo muy extraño en ella.
-¿Que es lo que pasa?
-¿Te acuerdas de que encima de este mueble es donde están mis figuritas de papiroflexia?
-Si, claro que si. Te encantan y siempre las llevas contigo, además eres muy maniática con su orden, siempre deben ir desde la primera que hiciste hasta la última... -en ese instante me dí cuenta en que el orden había cambiado y nadie, absolutamente nadie, descolocaría jamás eso, era algo sagrado según ella. -los han cambiado...
-Ya sabes que primero va el barco, después el pájaro azul, a continuación el pez, el avión y por último la flor del tulipán. Barco, pájaro, pez, avión y flor.
-El barco y el pájaro juntos van, a su lado el pez está.
Surcando los cielos hay un avión y más allá está la flor. -recité esa frase que me había hecho repetir Carlota más de un millón de veces y no exagero, el orden de esas figuras era de las pocas cosas que podía alterar su mundo.
-¡Mira esto! -dijo
-¡La caja que nos enviaron no está y tampoco el poema que nos habíamos encontrado esta mañana! ¿Para que nos iban a enviar algo y después entrar en nuestra casa y quitárnoslo? ¿Que quieren de nosotros? -decía todo eso pero no pudo responderme porque el pitido de su móvil le avisaba que tenía un nuevo mensaje. Un nuevo mensaje que despertaría en nosotros nuevas intrigas que harían tambalear nuestro universo que se había mantenido en tranquilidad hasta ahora.

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miércoles, 17 de abril de 2013

Días soleados. Capítulo 1.




Miré por encima de mi cabeza y un sol esplendido me cegó los ojos. Torcí a la derecha el cuello y un edificio me hacia de sombra. Me fijé en un pequeño detalle.
Un papelito caía desde el balcón de la segunda planta del edificio de al lado y el viento lo mecía de un lado a otro, iba al vaivén de una pequeña brisa que entraba desde el sur y que traía calor y arena. Parecía como si ese trozo de papel no quisiera tocar nunca el suelo, iba con parsimonia y lentitud. Espere un rato y tenia algo escrito lo leí y ponía esto:

"Mis días soleados ya han pasado por tí."

Que bonita era esa frase con un significado de desamor en el fondo. Tal vez alguien había rechazado a un amor. Me fijé en como una vecina del edifico entraba por la puerta. Corrí hacia ella para poder entrar y al grito de:
-¡Espere señora! No cierre la puerta, por favor. -Creo que esa mujer me abrió la puerta únicamente porque pensaba que era un ladrón y le iba a robar. Su mirada desprendía desconfianza y recelo. Su aspecto era un poco huraño y las arrugas de su cara le hacían más mayor de lo que era pues sus manos eran jovenes, debería de tener unos cuarenta y pico. Subí la escalera dispuesto a dar el trocito de papel a quien le pertenecía. No usé el ascensor por miedo a que esa mujer sacara del bolso un spray de pimienta y lo aplicara en mis ojos. Mis ojos eran bonitos y también el espejo del alma.
Llegué a la segunda planta. Habían dos pisos el A y el B.
Elegí la opción A. Ding, dong sonó. Nadie contestó. Pegué el oído a la puerta y era cierto. Nadie se encontraba allí en ese momento.
La segunda opción era mi última oportunidad. Ding, dong volvió a retumbar en la escalera de todo el edificio.
-¿Quien es? -contesto una voz cálida y algo aterciopelada.
Pasaron unos segundos hasta que mi cabeza coordinó una respuesta correcta.
-Me he encontrado un papel suyo, he venido para devolvérselo. -dije con lentitud para dar más credibilidad y confianza a mis palabras. Suponia que la persona de detrás de la puerta me estaría mirando por la mirilla, así que forcé una sonrisa.
El sonido de varios pestillos dió pasó a un cerrojo final con una cadenilla para no poder acceder al interior de la vivienda.
Alguien entreabrió un poco la puerta y me examinó de arriba abajo. Sabía eso porque veía como sus ojos iban de arriba a abajo y de abajo a arriba hasta que se quedaron en un punto fijo.
-¿Y tú quien eres? -preguntó alguien detrás de la puerta.

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Capítulo 3
Capítulo 4

lunes, 15 de abril de 2013

La cita con cianuro. Castillos en el aire.




Hola!!! Como todos los lunes traigo una cita célebre, pero antes decir que el blog tiene Tuenti y si queréis agregarme para estar más enterados de todo, el nick es Desayuno Con Cianuro Blog y si no os habéis leído el Capítulo 4 aquí os dejo el enlace y después de todo este rollo esta es la cita con cianuro del francés François Mauriac.

"¡Que poco cuesta construir castillos en el aire y qué cara es su destrucción!" François Mauriac.

A veces me imagino situaciones que me gustaría vivir pero después me doy cuenta que solamente son imaginaciones. Esas imaginaciones se esfuman por donde vinieron pero no me dejan seguirlas para encontrarlas. Otras veces esas imaginaciones son tan reales que parece posible tocarlas, sentirlas a tu lado como algo posible pero de pronto alguien o algo te hacen ver que hacerlo o conseguirlo es imposible, y esa visión te deja secuelas.
Las secuelas perduran en el tiempo. Permanecen arrinconadas en un rincón de tu ser y no se pueden sacar de ahí por mucho que te esfuerces.
Al cabo de un tiempo piensas que esas consecuencias han desaparecido pero no, eso no es verdad. Es muy difícil sacarlas, tirarlas o arrojarlas por un precipicio.
En caso de que las arrojes por el precipio caes junto a ellas y te atas durante toda la caída a las secuelas.
Cuando por fin tocas el fondo ya te has acostumbrado a su presencia y es entonces, por fin, cuando se despega de ti y le dices hasta pronto pues sabes que volverás a imaginar hechos irreales, ilusiones ópticas o que creerás en falsas apariencias de nuevo, una vez más. 









viernes, 12 de abril de 2013

Me gustas cuando callas. Capítulo 4.




Abrí los ojos lentamente. Parecían que de un momento a otro iban a volver a cerrarse pero no lo hicieron. Estaba tumbado en mi cama y justo al lado estaba Carlota, aún durmiendo.
Comencé a observarla detenidamente. Llevaba puesto un pantalón de pijama y una camiseta ancha con publicidad de una tienda de cosméticos. Sus pies estaban descalzos. No era ni muy alta ni muy baja y su cara dejaba entrever inocencia a raudales. Sus ojos cerrados le daban un aspecto angelical y sus labios finos y rosados le daban un plus de belleza. Su melena morena circulaba por su espalda creando mil caminos por donde dejarse llevar. Un pequeño mechón de pelo le tapaba una mejilla y parte de la nariz. Se lo quité suavemente para que pudiera seguir durmiendo y fue entonces cuando salió de mi interior una tremenda pasión. Mis labios estaban imantados por los suyos, cerré los ojos y la besé. Ese beso se dirigió ardiendo a un espacio helado y se desintegró.
En ese momento ella se despertó sobresaltada. Su mirada resultaba extraña y algo distante aunque una tibia sonrisa se le dibujó en la cara.
-No puede ser.  -dijo con voz casi imperceptible.
-¿Por que no?
-No me gustaría perder nuestra amistad, ya lo sabes.
-No, no lo sé.



-¿Estás hablando solo? -preguntó Carlota
-¿Que dices?
-Nada, dejalo. Estarías soñando... -dijo con tono de burla
-Ah si, era eso.
-¿Que soñabas?
-No lo recuerdo muy bien. -le mentí. Yo recordaba palmo a palmo aquel sueño que había sido fantástico pero creía que enamorarme de ella no era una buena opción y más siendo amigos tanto tiempo. No. Eso no pasaría jamás. Olvidate, me dije a mi mismo. Pero en ese momento no sabía que eso iba a ser algo dífícil de sentir aunque no imposible.

El sueño tenía algo de razón. Ella estaba preciosa y yo, pues yo estaba solamente con un pantalón corto a modo de pijama. Nos levantamos de la cama a la vez. Cruzamos el umbral de la puerta de mi cuarto y me dió un empujón. La empecé a perseguir por toda la casa y casi se resbala en medio de la cocina. Por fin la pillé y me di cuenta de que olvidarla iba a ser demasiado difícil.
Desayunamos, pusimos la tele y llamé a Hugo.
Todos los domingos Hugo y yo íbamos a dar unos pelotazos con la raqueta. Hugo era una de las pocas personas con las que se podía mantener una conversación interesante. También tenia la beca como nosotros y venía a nuestra clase. El tenis era una forma de descargar tensión o así lo veíamos. Siempre le ganaba porque era un poco malo con los saques aunque el resultado nos daba lo mismo. Salir de la rutina valía la pena y era nuestra única vía de escape. Los estudios ocupaban demasiado tiempo en nuestra vida y no teníamos mucho tiempo para disfrutarla.
Comencé a prepararme. Me puse el chandal, las zapatillas de deporte, cogí la raqueta que estaba en el armario y me dispuse a salir pero una pequeña sorpresa haría que no llegara a mi destino.

Debajo de la puerta había una tarjeta amarilla con uno de los poemas más famosos de Pablo Neruda, era el Poema 15:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente, 
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. 
Parece que los ojos se te hubieran volado 
y parece que un beso te cerrara la boca. 

Como todas las cosas están llenas de mi alma 
emerges de las cosas, llena del alma mía. 
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, 
y te pareces a la palabra melancolía. 

Me gustas cuando callas y estás como distante. 
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. 
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: 
Déjame que me calle con el silencio tuyo. 

Déjame que te hable también con tu silencio 
claro como una lámpara, simple como un anillo. 
Eres como la noche, callada y constelada. 
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. 

Me gustas cuando callas porque estás como ausente. 
Distante y dolorosa como si hubieras muerto. 
Una palabra entonces, una sonrisa bastan. 
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

A.B.


Llamé a Carlota rapidamente. Estaba en su cuarto escuchando un poco de música y vino deprisa.
-¿Que es esto? -me preguntó
-Parece que tenemos un nuevo mensaje anónimo... Y está escrito tu poema favorito. -dije mientras se lo leía y esbozaba una sonrisa gigantesca.
-Me encanta este poema, pero ¿quien sabrá que es mi poema preferido?
-Pues ya tenemos otro misterio oculto. Quien nos envia esto pensará que somos detectives o algo así porque si no... No me lo explico la verdad.
Debajo de la carta había unas inicales. Eran las mismas que las de la carta dentro de la caja. Eran las inicales A.B.

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martes, 9 de abril de 2013

La cita con cianuro. Adiós al aburrimiento.




Hola!!! Lo primero de todo es decir que el viernes que viene estará publicado el Capitulo 4 (no los he podido publicar por problemas técnicos) y si no te has leído el Capitulo 3 aquí te dejo el enlace.
La cita de esta semana la he visto más de mil veces porque aparece en el videoclip de una canción que me encanta (la que está arriba) y es de Ezra Pound y si queréis conocer más cosas de este personaje llamativo y excéntrico, os dejo el link:


"Id como una plaga contra el aburrimeinto" Ezra Pound


Considero el aburrimiento como una de las mayores perdidas de tiempo que existen. Odio el aburrimiento porque es algo que te invita a no hacer nada y quedarte parado mientras el tiempo pasa y es imposible de recuperar. Cuando me aburro me vuelvo pesimista y todo a mi alrededor se vuelve negro, y a duras penas, algo gris.
¿Que es estar aburrido? Para mi estar aburrido es hacer siempre lo mismo sin pararse a pensar si eso que siempre haces está bien o mal, es hacer también algo un millón de veces con un resultado idéntico por mucho que te empeñes.
Estar aburrido para mi se reduce en perder el tiempo sin hacer nada que me guste o que me apasione de verdad.
¿Para que voy a desaprovechar tiempo de mi vida en hacer algo inservible que no me gusta?
Yo ya he empezado a luchar contra el aburrimiento ¿os unís? y si es así ¿como vais a luchar contar ello?
























lunes, 1 de abril de 2013

La cita con cianuro. Cuida el planeta.




La cita célebre de esta semana es de Gabriel Garcia Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982, y si queréis ver más frases de este escritor y novelista colombiano os podéis pasar por el Twitter: @desayunocianuro y después de todo esto doy paso a la cita con cianuro de esta semana:


"No tenemos otro mundo al que podernos mudar" Gabriel García Márquez.


Como bien dijo él, el planeta en el que vivimos todos no es un pozo sin fondo en el que se puedan sacar continuamente todo lo que queramos sin que ocurra nada después y por eso hay que conservarlo para mantenerlo en armonía.
Es muy importante que todos tomemos conciencia de la importancia que tiene cuidar esta canica azul y de sus recursos, y como hace también poco se celebró el día del planeta (23 de marzo) que de manera simbolica de 20:30 a 21:30 llamó a toda la sociedad a apagar todas las luces con el eslogan "Apaga la luz enciende el planeta" fuente porque "todos somos partes de la solución" en el problema energetico y la necesidad de ahorro.
Y aquí dejo unos consejos para cuidar el planeta.

  • Renuncia al consumismo desmesurado.
  • No dejes aparatos electricos encendidos o en standby.
  • Apaga las luces innecesarias.
  • Aprovecha la luz natural siempre que sea posible.
  • Procura que las pilas sean recargables.
  • Utiliza el transporte público.
  • Evita el malgasto de papel y bolsas de plástico.
  • Separa los residuos organicos de los envases, del vidrio y del papel.
  • Cuida de la naturaleza y los espacios naturales protegidos.
  • Planta lo que sea en un pequeño bote de plástico.
  • Ahorra agua.

Todo esto se reduce en:
Luchar contra la cultura absurda del malgasto y del consumismo sin límites.






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