Gente con cianuro

domingo, 30 de junio de 2013

Corazones de mimbre. Capítulo 8.



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    Me despierto en mitad de la noche, sudoroso y con el corazón al borde del colapso, casi a punto de salirse de mi torso. Doy vueltas en mi cama pero no consigo dormir. Pego un salto y toco el suelo que está frío. Me pongo mis zapatillas de andar por casa y abro la puerta de mi habitación. El minúsculo pasillo que hace las veces de una especie de extensión del pequeño comedor está oscuro, como el resto de la casa. Llevaba unos boxers ajustados y pese a que estaba sudado me encontraba un poco destemplado. Caminaba lentamente, a pasos de hormiga. Por fin llegué a la nevera. Doy un vistazo y localizo la botella de agua mineral. Después abro un armarito y cojo un vaso de cristal, acto seguido derramo un poco de líquido transparente. Primero pego un sorbo pequeño, espero que el agua fluya por mi garganta. Me duelen las muelas porque está helada. Nunca me han gustado las cosas tan frías y no podré comprender a quien si. “Un último trago y me la termino” pienso. Trago el agua y deposito el vaso en la pica del fregadero. Lo limpiaré cuando amanezca.


    Paso frente el cuarto de Carlota. La mente se me queda en blanco y solo pienso en ir con ella y protegerla de todos esos monstruos que la acechan.

Tengo ganas de ir a su cama y abrazarla. Tengo ganas de quererla como nunca antes la han querido y sobretodo tengo ganas de sentir sus labios pegados a los míos durante horas o años, durante todo un infinito. Tengo ganas de morderle el cuello y recorrer su espalda suavemente con mis manos mientras le susurro en el oído cuanto le quiero. Sentir que estamos juntos, de eso es lo que tengo ganas. Tengo ganas de llegar a su alma y besarla porque eso no lo puede hacer cualquiera. Aunque se me olvida lo más importante, tengo ganas de ella y yo, tengo ganas de nosotros.

   Abro la puerta con lentitud como quien abre la puerta de su jaula y puede volar cuanto quiere. Mis ganas irrefrenables de ella me llenan de pasión y amor.


    Me quedo quieto. Me agacho y le aparto un mechón de su cuello. En mi cabeza suena “Es tan perfecta, Dios mío” Me siento muy despacito a su lado, lo suficiente para escuchar su corazón latir. Un corazón de mimbre que se deshilacha si se estira de un extremo y eso, eso es imposible de arreglar. Toco su cintura y paseo mis dedos libremente, parezco un perturbado pero me da igual. Junto mis labios húmedos con su cuello y su respiración y la mía entran en contacto.

    Me deslizo y mis manos abandonan su cuerpo tan perfecto, como si los dioses la hubieran diseñado. Emite un pequeño ruido y me percato de una lágrima en su mejilla. Ha estado llorando hasta dormir. Su cara está girada y me escabullo de allí antes que tener que dar cualquier nefasta explicación inexplicable. Salí rápidamente, como un ninja.   



La luz del alba se cuela por la ventana. Estoy aturdido por las imágenes de anoche que pasan con rapidez. Alguna que otra se queda un poco más, forman parte de mi colección de instantes casi perfectos.
               
Me levanto y me visto con lo primero que alcanzo. Vaqueros, suéter y deportivas negras. Me cuelgo la mochila a la espalda y me dirijo de nuevo a la cocina, como apenas unas cuantas horas antes. No me percato de que está en el sofá leyendo un libro de texto, el de Biología seguramente. Tenemos examen a primera hora, es el último examen.
       –Hola Martín –dice ella y me mira como si nada.
       –Hola Carlota –digo yo y la miro como si todo.
       –¿Cómo estás? –pregunto aun sabiendo la respuesta verdadera y la respuesta falsa que claramente me va a contestar.
       –Bien, bueno –aclarándose la garganta un poco – . ¿Nos largamos ya al instituto?
       –Vale. Tenemos que darnos prisa. –digo señalando el libro que está entre sus manos, las mismas de anoche –. Aunque primero voy a beber algo de zumo.
      Abro el frigorífico y bebo a morro algo de zumo de frutas. “Tanto azúcar no es bueno de buena mañana” Eso es lo que hubiera dicho mi madre si me hubiera visto.
       –¿Cuántas veces te he dicho que te cojas un vaso? –Suena autoritario pero esa sonrisa burlona que tiene es demasiado para mi. Dejo pasar lo que dice.
      Abro la puerta y cierro con llave porque después de lo de la última vez hemos extremado las precauciones. Me las guardo en el bolsillo de detrás de mi mochila roja, muy usada y vieja pero me gusta.


     Cogemos la calle hacia arriba y a recorrer el mismo trayecto de los últimos meses. Avanzamos por la Avenida. Paramos en el semáforo que hace cinco y esperamos a que se ponga verde. Cruzamos. No hay mucha gente todavía, apenas son las ocho menos cuarto y la ciudad aún se está despertado de una larga noche que yo por lo menos no olvidaré.
   Atravesamos una plazoleta paralela a la Avenida y llegamos hasta el Conservatorio. Ahí nos desviamos a la izquierda y andamos todo recto. A lo lejos se adivinan las letras que ponen “Centro Educativo” y debajo de eso “La Arboleda”. Se llama así porque, como dice su nombre, justo detrás del centro se extiende una gran arboleda que es el gran pulmón verde de la ciudad. Después de toda esa inmensidad de árboles solo existe la nada, o los pueblos que rodean la gran ciudad. Un cordón de carreteras y polígonos industriales separa aquello de esto, es una especia de zanja que desliga todo.
   La Universidad está a solo unos pocos pasos y por eso aquí hay un poco más de actividad.

    Césped mustio invita a entrar por la puerta principal, la única que hay. Un gran vestíbulo con la conserjería, la papelería, los despachos de los profesores y todo lo que suele haber en sitios como estos. Nos mezclamos entre todos los presentes. Hay gente de todas las edades desde personas de más de 60 años a adolescentes como nosotros. Hay ciclos de formación profesional, cursos de bachiller y de secundaria, todo reservado para gente con un bolsillo bastante grande y en el caso de nosotros, con un brillante expediente académico. Al fin y al cabo es una escuela privada y solo unas pocas personas hemos conseguido las becas que ofrecían desde una Fundación “sin ánimo de lucro” pero que existe para lavar la imagen de la empresa propietaria del centro, un gigante financiero.

     Subimos los peldaños de la escalera y sabemos muy bien adonde nos dirigimos, el Aula B8, la de Biología de secundaria. La puerta está abierta y un hombre fino y con una camisa a cuadros nos recibe. Es el profesor de Biología y Geología, Ramón.
    –Bienvenidos. Ya estamos todos. Enseguida reparto los exámenes, los últimos. Recordad que a partir de ahora iremos al Laboratorio a hacer unas investigaciones muy sencillas. –Su voz suena como siempre. Es un intento de meterse en la piel del alumno pero sin conseguirlo. Es un buen tipo.
    Paseo la mirada por la clase. Apenas éramos 8 allí. Hugo con la mirada cabizbaja porque esta es su peor asignatura y necesita la beca. Toni, el chulito de clase a mi izquierda, delante de mí y en primera fila, Carlota, a la que le he deseado suerte aunque no la necesite. A su lado está Susana una chica de pelo rubio y ojos azules. Es inteligente pero muy callada. Terminan por perfilar la clase, Víctor, un chico alegre que siempre está sonriendo. Es bajito y algo simple. Noelia, una morena con ojos caramelos que resaltaban aún más porque tenía el pelo recortado a la altura de las cejas, que hace posible que sus dulces facciones sean mas intensas. Es la menos inteligente de todos pero tiene cualidades que muchos desean; belleza, estrategia y mucha anticipación. Solo quedaba Natalia que estaba sentada en un rincón de la clase. Pelo castaño y recogido en una coleta en un intento por mostrar sus pendientes. Suele regalar sonrisas impertinentes a diestro y siniestro pero es la más solidaria y concienciada. Creo recordar que el verano pasado fue voluntaria en una protectora de animales abandonados.
   Todos tenemos algo en común. Hemos obtenido la beca y vivimos en un piso que nos pagan, excepto Susana que vive con su familia en la ciudad. El resto somos de ciudades menores o pueblos perdidos en la montaña. Hugo está con Toni, Noelia y Natalia en piso cercano al nuestro y nosotros.




 
Ramón comienza a repartir las hojas de los exámenes y dicta las instrucciones para contestar las cuestiones. Son cinco. Las leo y pronto se me esparcen todas las ideas en el folio. Pasa media hora, y yo ya he acabado. Me levanto y entrego el examen. He sido el tercero en acabar, Cecilia y Carlota ya han terminado. Al poco tiempo Toni, Víctor y Natalia repiten la misma acción. Solo quedan Hugo y Noelia, como siempre. Hugo da un soplido y escribe algunas cosas rápidamente. Sonríe. Parece que al final le ha ido bien. Natalia por el contrario levanta la cabeza y no consigue ordenar las ideas. Suena el timbre de las nueve y cuarto. Natalia musita algo para si misma.

  Las siguientes dos horas pasan rápido y en el recreo vamos Hugo, Carlota, Cecilia y yo juntos. Cecilia es tímida y casi nunca habla demasiado, pero hace una excepción.
   –¡No sabéis lo que me ha pasado este fin de semana! –exclama.
   –Cuenta –pronunciamos al unísono.
   –He conocido a un chico por Internet y me ha pedido que nos veamos el próximo fin de semana.
   –Pero eso es muy peligroso, si quieres yo te acompaño. –dijo con carácter protector Hugo.
   –Vale pero en cuanto esté te largas y nos dejas solos, no vaya a ser que me lo espantes. Se llama Misterious Boy. Me envió él una petición al Tuenti y todo…
   –Pues tenemos que ir a hacer algunas compras. –le dijo Carlota con picardía y optimismo.
   –Ojala hagáis buena pareja. –La verdad es que a la chica, Cecilia, se le veía un poco solitaria aunque esas cosas por Internet…
  Al rato sonó el timbre y volvimos con otras dos horas de clase en las que no pasó absolutamente nada. Mi aburrimiento crecía de una manera gigantesca.
  El segundo recreo, donde tan solo nos dio tiempo a hablar de nuestras cosas pasó rápido. Entramos en clases y a las 15:20 sonó por última vez en ese día.
  En el centro había un comedor donde comíamos absolutamente gratis. La beca era una especie de ticket a  un internado excepto porque podíamos vivir sin estar siempre vigilados, era alguna bueno para nuestra inteligencia emocional decían.

  Los ocho avanzamos por el vestíbulo principal. Unas cuarenta personas hacían cola para entrar al comedor por la puerta que está hacia donde nos dirigimos. Saqué el carnet del centro, el que me identificaba.

  Enseñé el carnet a la misma mujer mayor que para no perder la costumbre estaba con cara de almendras agrias.

  El comedor es bastante grande y luminoso porque el techo es de cristal y hay grandes ventanales. El suelo, a diferencia de todo lo demás donde hay madera, es de azulejo normal.
  Cogemos unas bandejas de metal y las llenamos con comida. Yo elijo carne con salsa de primero, de segundo ensalada y de postre me cojo una pera. Agua para beber.
  Nos sentamos en la misma mesa de siempre a la hora de siempre con los de siempre pero no pasa lo de siempre. Algo nos va a desquiciar en las próximas horas.

  –¡Oh dios mío! Mira esto Martín, léelo, venga. –dice ella con impaciencia y miedo, sobre todo eso, mucho pero que mucho miedo. Su mirada infunde temor.
  Es una web de noticias y pone lo siguiente:

SUCESOS (última hora)
Según informan fuentes policiales la llamada de auxilio realizada esta mañana al programa estrella de las mañanas “El Magazine” que se emite por el Canal 7 ha sido realizada por un personaje que dará mucho que hablar. Supuestamente se trata de Alejandro Rodríguez Bataller, heredero de una de las grandes fortunas de este país y próximo accionista mayoritario de la multinacional ActiveOne que cotiza en la bolsa de Nueva York. Esta empresa se dedica al mundo de las nuevas tecnologías, las finanzas y las energías renovables. 
Aún se desconoce el lugar exacto del que se ha realizado la llamada pero se sabe por fuentes anónimas que estaba en el extranjero de vacaciones. El Ministerio de Asuntos Exteriores ya ha dado el aviso a todas las embajadas para que se dispongan en su busca. Es posible que en las próximas horas se aclare más sobre este asunto que dará que hablar no solo aquí sino internacionalmente. Les mantendremos informados sobre posibles nuevos sucesos alrededor de este caso.

   Con solo leer el nombre me estremezco. Es el mismo que aparecía en el cuarto buzón, el de la caja y la llave, era todo aquello y él ahora mismo estaba en peligro. ¿Tenia eso algo que ver con que nos quitaran todas las cosas que nos habían dejado previamente? ¿Estaba todo eso relacionado de alguna manera? No lo sabíamos ninguno de los dos. Solo pude mirarla fijamente y notar como mi corazón también era de mimbre ya que en ese mismo instante se estaba deshilachado. Estaba aterrorizado y me partía en trozos de cristal que se partían en otros más pequeños y así hasta que no quedaba nada de mí.
   Abracé a Carlota mientras el resto de la mesa nos miraba. Noté su corazón acariciando mi pecho y la estreché entre mis manos aún más fuerte.
     –Todo va a salir bien, ya verás. –le susurré eso al oído o más bien lo hizo mi instinto de supervivencia porque ni yo mismo creía en que todo iba a salir bien cuando ni siquiera había comenzado nada. Esto solo era un aviso de lo que luego vendría.

   Me fijé y una lagrima desfilaba por su mejilla, hacía abajo y sin ningún tipo de frenos. Se la quité y le agarré fuerte la mano para asegurarme que no se fuera de allí sin mi. La necesitaba más de lo que creía, nos necesitábamos.




13 comentarios:

  1. Madre mía, pedazo de capítulo! Me he enamorado de como escribes y describes todo *0*
    Perfecta. Sublime.
    Siguiente ya :D

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    Respuestas
    1. Muchas gracias! Cada domingo subiré un capítulo nuevo.
      Besos.

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  2. Lo dicho, me encanta, tienes que escribir ya el siguiente :)

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  3. Preciosidad, no... lo siguiente. Continúaaaaa

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  4. Simplemente genial, no le veo ni una sola pega :)

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  5. Me encanta cómo escribes.
    Acabo de leer tu historia y está genial. Tiene una trama intrigante y original, y tiene a Martin <33
    Creo que me he enamorado o.o es tan mono con Carlota... es tan aujdhsausancuxhsa<3 tiene esos momentos cursisperonoempalagosos que me encantan, y que guarde sus sentimientos por no perder la amistad... ju, yo sé que Carlota realmente también lo quiere, lo intuyo :( tienen que estar juntos eh... si no te echo una maldición gitana <3
    Y ese misterioso hombre de las cartas... da miedo D:
    Mañana me pondré a leer tu otra historia y ya te digo lo que me parece :)
    Un beso :3

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    Respuestas
    1. Gracias! Su relación amistad-más que amistad irá avanzando en la historia... y se resolverán algunas intrigas aunque aparecerán otras nuevas
      Espero que te guste también :)

      Besos con cianuro y gracias por tu comentario.

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  6. Hola llege a tu blog y me encanta por un enlace que compartiste en face conmigo menos mal me facino lo que escribes te dejo cordialmente invitado a mi blog y un placer el conocerte
    http://eterno-caminate-de-la-oscuridad.blogspot.com/

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    Respuestas
    1. Muchas gracias! Me encanta y me alegra mucho que te haya gustado lo que escribo :) Hablamos por facebook?

      Me paso por tu rincón especial...

      Besos con cianuro.

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  7. ¡Hola! Acabo de descubrir y tu blog, y leer esta historia! Me gusta mucho! Espero que la continues!
    Besos.

    Pau.

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