Alquilé mi corazón,
Exigí lo que te mereces.
¿De que te quejas?
cuando hablas y no callas,
cuando partes la niebla,
cuando tocas la herida,
cortas la piel y no brota ni sangre.
Escuece la herida,
El perdón no se vende. El perdón no se compra. El perdón no es gratuito, no tiene precio, no tiene cupones descuento. El perdón no se esconde detrás de un muro, el perdón no está bajo una capa de hormigón, no está olvidado en el fondo de ningún cajón. El perdón no navega en ningún barco. El perdón no surca ninguna ribera, no pone los pies al sol, no sale corriendo. El perdón no huye de las despedidas. El perdón no está al lado del bote de leche de la nevera ni en la sección de congelados de cualquier supermercado. El perdón no se pesa, no se escucha, no se toca, no se ve, no se olfatea. El perdón no se mete en la boca para chuparlo y lamerlo, no se escupe, tampoco se traga, ni explota después de sacudirlo cien veces, no.
El perdón habita dentro de nosotros. Solamente hay que dejar que, de vez en cuando, le dé un poco el aire.
Sueño con una noche de verano, sueño con un crujido.
Sueño con una tarde al fresco,
sueño con un quejido.
Sueño con una mañana al sol,
sueño con un graznido.
Despierto con un canto desigual, como de lloro, en este lugar, rodeado de cuervos graznando y de aves sollozando.
Despierto cuando clarea porque la tierra no quema y el sol no arde, porque los cuervos me llevan a volar.
Pulsa a tu corazón.
Pulsa a tu interior.
¿Cuánto pesan los suspiros?
El valor de un número, de una simple cifra.
Pulsa al cielo.
Pulsa al mundo.
Lánzate al paraíso, lánzate a lo desconocido.
17 suspiros.
Agranda el cielo,
abre las ventanas,
rompe los muros,
maximiza el presente.
Ahorra deseos
y conviértelos
en realidad.
Miras abajo y ves cemento,
ves ruinas,
imperfecciones materiales.
¿Qué importancia tienen?
Sueñan de pie,
bailan descalzos,
jubilan a los gritos.
Saludan a los represores
y continúan con
la huída
hacia adelante
para vivir fuera
de la jaula.
Rompen los límites,
se liberan y viajan
a la cara oculta de la luna.
Solo la luna sabe
cuantas jaulas han
abierto, cuanta
libertad han dejado
escapar
cuantos besos
se han liberado.
Soy nuevo en esto del azar.
Soy nuevo en esto de los sentimientos.
Soy nuevo en esto de contar números y asignar valores a cosas.
Soy nuevo en esto de ser poseedor de propiedades.
Soy nuevo en esto de seguir las reglas y hacer lo que dicen las leyes.
Soy nuevo en esto de hablar.
Soy nuevo en esto de catalogar y poner nombre a cada cosa para sentirme cómodo.
Soy nuevo en esto de aplaudir.
Soy nuevo en esto de las sorpresas y en esto del conocimiento y la razón.
Soy nuevo en esto de la impulsividad y en esto de los ritmos lentos y rápidos.
Soy nuevo en todo esto y aquello.
Soy nuevo dentro de mí.
Soy nuevo en esto de ser humano.
Soy nuevo en este planeta de unos pocos millones de años.
Puedo llegar a la más absoluta belleza y a la degradación más solemne. Puedo volver a sentirme bien porque sé lo que quiero. Quiero estar contigo para poder estar bien conmigo. Mi consumo pasional me ha dejado así. Un producto más del mercadeo de la vida.
Deseos en rebajas.
Encerrado y enjaulado,
encadenado a mí.
Revuelta popular
de mis sentidos
y de mis opciones.
Una súbita rotura
como un rebote elástico.
Un terremoto artificial.
Temblores bruscos,
liberación de lo superficial.
Un rastro escrito en gotas de lluvia que caen sin parar. Un rastro borrado por el primer viento frío del otoño. Un rastro que no cesa, que ni es ni será.
El rastro, tras las palabras que he dejado en un charco, se ha quedado solo y mojado, húmedo y olvidado. El rastro de las palabras escritas en el agua que está cayendo, ha formado un riachuelo, por donde ahora pasan también los sueños y las ganas de algo más.
Yo no te conozco, conocerte costaría una vida muy larga y no la tengo para utilizarla contigo. No te conozco porque si te conociera no podría conocer a nadie más. Me envolvería de ti, cubierto de tu esencia, la tuya y la única que tienes.
Cuando te miro, veo reflejado en tus ojos mi ilusión difusa. Perplejo del color, de la maravilla que hay en todo lo que veo. Tus ojos me devuelven la mirada y ya no sé si lo que observo es un libro o una película. Si el tiempo deja de existir y mis creencias desvanecen, ¿qué sentido tiene poseer todo lo imaginable, si no te tengo a ti?
Guardado llevo, de donde solo el tiempo es asesino, mis recuerdos. Pero en tus pupilas y tus iris, de indefinible tonalidad, siento que seré capaz de ser quien soy, de sonreir, de equivocarme estrepitosamente y saber que he fallado a conciencia.
Acabaré mal, lo acepto.
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